Bolsón Cerrado, por John Howe Cambian las estaciones y los poderes, renacen los caidos y resurgen poderes olvidados, el Destino se manifiesta al margen de la voluntad de los Sabios pero los protagonistas afrontan el viaje como un destino personal. La misma senda inmutable durante sigos se transforma a cada paso por cada decisión, el compromiso, la desesperación, o los tan conocidos temas del amor o la lealtad. Todas las experiencias se reevaluan por designios que están más allá de nuestro entendimiento pero que siempre dejan el siguiente paso al libre albedrío, dentro de las limitaciones de los tiempos. O como dijo el viejo sabio, recolocado por Jackson en las minas de Moria: "Difíciles tiempos nos ha tocado vivir, no los habríamos deseado, pero no es nuestra elección. Sólo podemos decidir que hacer con el tiempo que se nos ha dado." Y esto más que de Gandalf es la vida del propio Tolkien.
Y que mejor para entenderlo que el protagonista/escenario/contexto viviente por excelencia: la Tierra Media. El otoño sobre Rivendel y su melancólico Elrond, la eterna promesa de la primavera en los jardines de Galadriel. La amenazante montaña creciendo cada día ante los ojos de Frodo y el viraje a las honduras de la demencia y la desesperación ante las negras nubes de Mordor. La Tierra Media es un personaje más de la película, su movimiento y su interacción con los personajes la convierten en algo vivo, lo que es esencial en una historia que es, ni más ni menos, el capítulo final de su crónica, donde los personajes juegan un papel dentro de una obra mucho más grande.
Por tanto la esencia de Tolkien más que presumirse, se palpa y se siente a cada instante. Desde el punto de vista de respetar la obra, 10/10. Podemos llorar por Glorfindel , Gordo Bolger o por Tom Bombadil, pero le hacen tanta falta a esta película como un cameo de Tom Cruise.

"Las Dos Torres" por John Howe
Pero todos estos detallitos de nada servirian en una obra de regodeo sólo para fans, el objetivo era mas amplio: hacer una película para gustar a cualquier espectador casual y hasta convertir en devoto del cine a cualquiera que no supiera de su grandeza. El estilo narrativo de Tolkien no siempre es de lo mas fluido, capaz de narrar la Caída de Gondolín en tres páginas y al mismo tiempo de encallarse tres capítulos entre la Cuaderna del Sur y Bree. Pero otra vez Jackson toma la batuta y nos lleva de aquí para allá, comiéndose un par de décadas de un plumazo y abriendo cada vez más el espectáculo, siempre incorporando y sumando historias, en un crescendo que nos llevará por las tres partes de la película siempre de menos a más, desde la 'ajetreada' fiesta de despedida de Bilbo a la 'algo más ajetreada' batallita en los campos de Pelennor. El nivel épico sube de intensidad a cada paso, pero el ajetreo ahí está de principio a fin.
A la dificultad de hacer interesante una novela que contiene unos primeros capítulos poco aptos para el cine y de un epílogo discutiblemente largo, se le añade la dificultad de facturarlo en tres partes que aporten por si mismas una estructura individual clásica, no sólo para que se puedan ver por separado (requisito indispensable) sino para definir aún más los hechos troncales que guían la aventura. El aprovechamiento de los prólogos para narrar las partes de la historia que suceden en tiempo pretérito es otra genialidad (La primera era predecible, las otras dos... inimaginables!) Y los finales escogidos para las dos primeras partes son otro ejemplo de dirección implicada tanto con el Tolkeniata más versado como con el espectador más gentil, todos ellos rebosantes de la épica más espectacular y profundamente enraizados en la historia base, esos momentos mágicos que distinguen a Tolkien de otras obras supuestamente similares.
Por último destacar dos puntos comunes a todas las obras: El imaginario de John Howe y Alan Lee, que tradicionalmente ha inspirado y evocado más que concretado, por fin se pone al servicio de un fin más sintético: una vez puestos los dos en nómina de Jackson se les pudo obligar a terminar lo que empezaron, el resto de Bolsón Cerrado basado en la mítica ilustración del recibidor de Howe o el Pináculo de Orthanc de Lee del que nunca vimos la cúspide. Con este par de cracks dirigiendo el diseño artístico no es de extrañar que todos los pueblos y culturas se reflejen en la película con un detallismo maníaco y perfectamente coherente con el universo. (Y eso que los dos ni se conocían antes de empezar!) Dicen que en toda la película no hay dos vestidos iguales, pero en realidad no hay dos botones, sillas o pomos de puerta que no se hayan diseñado de acuerdo a su cultura. El notable esfuerzo en diferenciar la procedencia y linaje de los habitantes de Rivendel o Lothlorien se nota hasta en el color de la madera o el emplumado de sus flechas.
Y si en su concepción visual ya es para enamorarse, la excelente banda sonora de Howard Shore es de 'gallina de piel.' Habría sido un fácil y craso error intentar crear las canciones y ritmos de la tierra media basados en Wagner o en las Trobadas antiguas occitanas, pero dado el interés de Tolkien de desmarcarse de las mitologías foráneas hubiera sido un contrasentido imperdonable. En cambio, la realización de una tradición musical propia para cada cultura le va como 'anillo al dedo' a este mundo secundario que, cuantos menos lazos comparta con el mundo real, mucho mejor. Partes como el lamento por Mithrandir, en dual Quenya/Sindarin se añaden a esos puntos que se recordarán para siempre, junto a los temas más cañeros como la marcha de los Uruk-hai, esa endiablada amalgama 5/8 o las cuerdas presagiando la carga de Théoden, desbancando para siempre al corneta de Custer como el auténtico heraldo del infierno.
"The road goes ever on"
Reunir todos los ingredientes clave en una misma visión, una curradísima transliteración y un pre-diseño meticuloso hasta la locura rubrican el trabajo de un artista entregado a la producción más ambiciosa del cine hasta la fecha, y probablemente mucho más. Dicen que quien tiene un plan tiene medio camino hecho, y aquí hubo más horas de trabajo "above the line" de las que uno pensaría que necesita una película entera. En definitiva, una obra 100% Tokien y 100% Cine . El paso más difícil estaba hecho.
(continuará ...)


4 comentarios valiosísimos:
En el día de hoy en el que no me ha tocado ni un sólo centimo de euro en el sorteo de la Loteria de Navidad, me encuentro con un mágico regalo dentro del magnífico blog El Becario Lucifer en la forma de artículo/post sobre la mejor (para mi) obra literaria/cinéfila de todos los tiempos El Señor de los Anillos (Prólogo) y tras leerlo no puedo más que sentir sana envidia por la magistral manera de escribir y no puedo más que alegrarme al saber que es la primera de cinco entregas. ¡¡¡ Ganas !!!
Amen.
Esperaremos expectantes las siguientes entregas de la serie.
Has citado varias veces, la gran virtud de esas peliculas, las aprecian igual el Tolkenista que el espectador casual, y eso es un merito enorme en un mundo en que cualquier adaptacion (pienso en Watchmen por ejemplo) divide terriblemente a la audiencia.
De todas maneras, por muy grande que sea la cinta, uno no puede olvidar, la primera vez que lee "El señor de los anillos". En el recuerdo de la lectura apasionada de esos volumenes puedo encontrar emociones que pocas veces conseguire rememorar. Sera mi "rosebud" particular ;-)
Uf, el Señor de los Anillos, uno de los temas más trillados del mundo!
Comprende que no me excite mucho!
Hola Kouros, bienvenido a mi cueva.
Ten Fe! (aún queda el sorteo del Niño) Gracias por los piropos, espero que encuentres igual de interesantes el resto de entregas.
Doctor, este compromiso entre el espectador mas lego y el mas versado es sin duda la clave del éxito, aun metiendo cambios gordos. Las sensaciones del libro, esa "aplicabilidad" se pierde algo al concretarse en un color, una expresión concreta, pero lo que ganamos no tiene precio. Lo Mejor de Dos Mundos, cada uno en su terreno.
Carlos, pues será ahora por que en 2000 hablabas de Tolkien y te miraban raro, como si te hubieras tragado una enciclopedia o asi.
Saludos!
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