El Hombre de las gafas

No pasa cada dia que un creador arriesgue tanto para conseguir tan poco, y que al mismo tiempo deje tan buen sabor de boca. El éxito es un mérito sobrevalorado, sea cual sea su reconocimiento. Un palmarés sirve para mucho pero nunca para que un creador duerma mejor, ya que la propia esencia del artista está en la creación y nunca en el reconocimiento que, por mas que avalado por el dinero y la promesa de nuevas inversiones, se tuerce inevitablemente en un camino instrumentalizado que le aparta de su trayectoria inicialmente exploratoria. El camino creado así, a traves del éxito, es una rodera permanente que facilita a los que vienen detrás pero que arruina totalmente la posibilidad de una nueva exploración que no sea condicionada, premeditada y orquestada para llegar al mismo destino y de la misma forma.

Pero no sólo a los seguidores perjudica esta señal de éxito, pues el autor original queda inevitablemente retratado como el transeunte que abrió la zanja, olvidando en su trayecto la esencia del descubrimiento para quedarse con la fracción de paisaje que consideró mejor. A partir de ahí la obra se vuelve quebradiza, banalmente volcada en la autojustificación, la estructuración de aquello que le valió una vez y la búsqueda constante del mismo terreno en todos sitios, como si de volver atrás en el tiempo se tratara. Así como la verdad final elude al filósofo, ya que conseguirla sería destruir los cimientos de toda una carrera, el cineasta debe eludir el éxito como si de un veneno se tratara, pues significa el fin de una vida y el principio de una otra, quizá con mas libertad creativa pero menos ánimo para afrontarla.

Pero ante todo no hay que perder la esperanza, siempre hay talentos capaces de sacudir las telarañas del cerebro, que son como tomarse una píldora diaria de Ray Bradbury o una ducha fría totalmente innecesaria, un estímulo del Gin-Seng Polaco que tanto ha commocionado a las artes, pese al abierto desprecio de aquellos que realmente no han hecho mas que seguir un camino de vergonzante continuismo y de tener que bajar la mirada ante el esplendor matinal de la humildad.

Desde aquí mi mas profunda recomendación de seguir a este maestro, fuente de inspiración del descaro y la gallardía y que, con su total desapego por la interminable reflexión instrumental y nula búsqueda de la verdad, nos acerca a ella con todo su esplendor. Sea esta crítica deliberadamente críptica y embarullada mi modesto homenaje a tan gran pensador.

1 comentario:

Lucifer, Becario del Mal dijo...

Bueno, por si alguien no lo ha pillado, estaba hablando de Stanislaw Lem, en forma y modo altamente esquivos como mi humilde homenaje.