Nolan Rises Again: yo quiero lo que fuma ese tio.

The Dark Knight Rises

Chris Nolan (2012)

Hay que aplaudir a Nolan porque se toma las cosas en serio, arriesga en un entorno que parece condenado a la réplica incesante de lo mismo, al fusilamiento sin medida de todo aquello publicado en libro, cómic o pdf, y en productos de elevada toxicidad para consumo de veraneantes sobrecargados de sol y asfalto recalentado que se refugian en el oasis de oscuridad fresquita que es el cine veraniego. Hay que aplaudirlo porque se ha molestado mucho en integrar las partes mas significativas del Batman de Frank Miller, un 'reborn' ya arriesgado de por si, extraer lo mejor del personaje y encuadrarlo en una ciudad de Gotham cada vez mas parecida a nuestra cruda realidad: tiburones financieros, ladrones con patente de corso bancario y protección política y una decadencia en los valores que hace presagiar el inevitable triunfo de los animales mas carnívoros y carroñeros de la cadena alimentícia.

Su primera entrega Batman Begins (2005) fue mi primer contacto con este suculento personaje, un Batman amargado, vengativo y sediento de una justicia muy particular en un equilibrio muy delicado entre el fascismo del vigilante callejero y la locura de intentar salvar un mundo que parece abrazar la autodestrucción con una indecente alegría. Quizá demasiado introductoria y con pocas leches, pero todo un ejercicio de estilo para construir la personalidad central dominante: Un siniestro justiciero de alas oscuras que de día se disfraza de indolente aristócrata bajo una rictus de cortesía pomposa y un Lamborghini hecho a medida. Pese a que los flashbacks históricos  se comen parte de la película, es el inicio de un proyecto de largo recorrido en el que Christian Bale-Batman muestra las bases de esta complicada moral justiciera ante su némesis intelectual: Raaz-al-Liam Neeson-Ghoul: existen el bien y el mal, están entrelazados en la naturaleza humana, balanceándose peligrosamente en el abismo que media la anarquía del fascismo, pero también los hay inocentes y los hay culpables. Y para estos no hay balanza que valga.

La segunda entrega The Dark Knight (2008) es mucho mas comprometida, vincula estos conceptos puramente humanos con la explotación económica del bien y del mal: el bien es caro, peligroso y mal pagado, el mal proporciona riquezas y estabilidad a una oligarquía que se presume el modelo de éxito social. Pero contradictoriamente incluye un personaje de lo mas irreverente: el Joker. Esta fabulosa obra póstuma de Heith Ledger representa el caos, un concepto que equilibra el bien y el mal y que no tiene dueño ni señor ni le importa el dinero ni su falta. Su descarado anarquismo no pretende renovar nada, solamente plantear una nueva dinámica social : dar a la sociedad la oportunidad de destruirse en una avalancha de cinismo auto-alimentado. No es un juego muy limpio pero es lo que tiene trabajar con psicópatas cachondos. De esta forma pasamos de tener un panfleto libertario a un disurso mucho mas elaborado, incluye estructuras humanas como la fe, la responsabilidad, la codicia o la solidaridad  (conceptos que sistemáticamente se ignoran en cualquier explicación económica de la sociedad) y plantea un interesante juego de valores: el Jóker es Malo, pero quizá nosotros no somos mucho mejores si permitimos que un enajenado tome las riendas. A veces lo somos, a veces no, y a veces hace falta un lider moral que predique con el ejemplo y continue la tarea de Jesucristo, Ghandi o el propio Dios-Nolan para mostrar el camino. Muy rebuscado pero muy argumentado también, verosímil en su planteamiento y trabajado en toda su extensión para cuajar estos detalles que hacen grande la película. La elección moral sea quizá el tema fundamental, pues sin elección no hay valor en nuestras acciones.

Yo a Bane le veo un parecido al Dr. Zoidberg


En esta reciente The Dark Knight Rises (2012) Nolan derrapa con menos gracia por senderos ya transitados, insinuando muchas cosas pero dejando demasiados detalles al azar interpretativo. El contexto es diferente, una versión civilizada del Gotham clásico en el que todo parece funcionar bastante bien gracias en parte a las medidas policiales draconianas - o eso parece indicar, no está claro - y la defensa por parte de Batman del 'Stablishment' financiero en su lucha contra unos malvados que parecen una panda de perroflautas, mercenarios sinpapeles e indignados en general al servicio de lo que parece un capitán de la segunda división de sadomasoquistas aerotransportados anarcofascistas. Atractivo argumento pero con demasiados vacios y síncopes gnoseológicos - que hay cosas que no sentienden vamos. ¿Se inspiró Nolan con la marcha sobre Madrid de los terroríficos y ultraviolentos mineros asturianos? ¿o es al revés e insinúa que vivimos secuestrados en un sistema que amenaza con explotar si la gente abandona el barco? ¿quien es quien y qué valor los diferencia?

Interpretaciones aparte, que entiendo serían muy diferentes en otro lugar y otro tiempo, los matices morales del villano son tan simplones como sus tratamientos contra el dolor de espalda. En su plan maestro los vicios y defectos de la ciudadanía tienen tanto peso como la elección del náufragó dejado a su suerte con una botella de agua salada  o si me apuran, la misma posibilidad de elección que tiene el Gato de Schrödinger que hipotéticamente existe - o no- en un rincón de mi dormitorio. La brutalidad física y la monstruosidad del personaje no tienen la gracia del Joker, Batman está demasiado liado saliendo del hoyo como para reinventarse ideológicamente y así afloran los sentimientos primarios del ricachón que anida en el interior del murciélago: salvar sus cuentas bancarias con ayuda de la policía o morir en el intento. Vaaale, me estoy pasando un poco. En realidad pretende salvar a la ciudad de millones de muertes y librar a la policía de un encierro ignominioso ya que parece que a nadie más le importa un comino, pero no nos explica porqué a nadie le importa un comino, y lo poco que se cuenta va en una dirección incorrecta: la maestría del malvado e invencible enemigo. Así que no hay elección ni por tanto valor moral. Incluso las decisiones finales parecen mas producto de las circunstancias que de un discurso elaborado. Por tanto el tema retrocede unas decadas a aquellas agradables tardes con el enmascarado justiciero tripón de la tele, el sidekick de los pantaloncitos verdes y su inevitable suspensión encima de un tanque de ácido hirviendo mientras algún archivillano se regodea de su maldad aterrorizando Gotham con sus trajes de fantasía campy.

Año 2012: al no poder pagar la gasolina del batmovil inventaron la Bat-Carrera


Digresión: ¿Veremos en el Hombre de Acero (2013) de Snyder y Nolan al susodicho persiguiendo a Lex Luthor, capturándolo educadamente pero con firmeza y depositándolo con cuidado en el penal de Metrópoli del que invariablemente volvera a huir en la próxima entrega? ¿Tiene Catwoman una caja de arena por si le dá un apretón? ¿Tiene el mismo camello que Zack Snyder? Todo esto y mucho más cuando veamos lo que hacen con Superman.

Pues eso, Batman progresa mucho en el aspecto de ser un amargado y poco en todo lo demás. Cuando por fin parece actuar racionalmente la película se acaba. Si esto fuera una transición chula hacia una hipotética cuarta entrega diria que adelante, pero no habrá mas Bat/Bale, Lucius/Freeman, Gordon/Oldman ni Alfred/Caine. Así que el final será esta resulton ultracondensado de cosas por aquí y por allá, otro referente en efectos especiales y encadilamiento de masas, y quedará a la imaginación del espectador pensar qué podría haber sido una película mas centrada en menos cosas y , si ustedes desean, cómo le sentarían a Gordon-Levitt unas mallas ajustadas.



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